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viernes, 14 de marzo de 2008

La revolucion de los feos




La verdad, y aprovecho para confesarlo públicamente, yo no adverso a este régimen por alguna razón ideológica en particular. Lo hago, fundamentalmente, por una razón estética (y de sanidad).
Primero que nada, el uniforme militar me provoca repulsa. No sé como explicarlo. Mi analista se está haciendo rico tratando de que yo pueda encontrar el trauma que me provoca arcadas cuando huelo asuntos de cuartel. No los paso. Mis primeros síntomas empezaron cuando ví aquel gorila decir “por ahora”. La cosa se me puso fea desde aquel día.
Esto de propagar asuntos íntimos en los medios de comunicación se ha vuelto moda, así que yo no temo expresar lo que me pasa. Cuando veo a Barreto, Lina Ron, Arias Cárdenas o a cualquier bicho del PPT, salgo corriendo a ordenar mi escritorio, a botar la basura, a pintar la casa… cualquier cosa que pueda contrarrestar tanta falta de proporción y armonía. El otro día vi un maratón de programas culturales en la TV por cable. Ciencia, ópera, arte, etc. Las cosas que me hacen sentir orgulloso de pertenecer a la especie humana. En un descuido, atraído por esa manía compulsiva propia del género masculino, comencé hacer zapping. De paso por los canales nacionales me encontré de frente con él, el pavoso mayor. El orate de Sabaneta de Barinas en cadena nacional (ese pueblo ha quedado marcado, para su desgracia, como el epicentro mundial de la chabacanería y la falta de pulcritud, juro que jamás lo pisaré, no vaya ser que en sus aguas y en el aire habite algún raro virus de la mediocridad). Tal fue mi desazón, que no recuerdo nada de lo que había visto durante horas. Amnesia ocasionada por stress postraumático debido a una exposición indebida a material pornográfico o a violencia extrema. Ese fue el diagnostico clínico que el emulo de Sigmud, el que se queda con una buena parte de mis emolumentos profesionales, dio a lo sucedido con mis meninges.
El general eructo, Diosdado, Rodrigo Cabeza, Maduro, Iris y Cilia alimentan mis miedos atávicos a caer en las garras del mal gusto. En un país donde la gente es capaz de vestirse de rojo, con sombrero rojo y una chaquetita caqui multibolsillo sin mangas, con logo revolucionario, debe ser como la antítesis de esas naciones y ciudades que son llamadas la Meca de la moda, la capital de la cultura, etc. La monstruosidad hecha gobierno.
No hablo de la fealdad física, que por inexplicable coincidencia, en muchos casos, los acompaña con impresionante regularidad. Me refiero a esa muestra de lo vulgar, eficientemente mezclado con la sociopatía y el ahorro en la belleza. Nada puede describirlo mejor que estas dos palabras: José Vicente… Y también Vladimir Villegas, Carlos Escarrá, Jorge Rodríguez y una multitud de “etc.”.
Todo este preámbulo tiene como razón narrarles mi última desventura emocional. Esta mañana, muy temprano, recorría en mi vehículo, en sentido Este-Oeste, la autopista Francisco Fajardo. Me dirigía hacia la UCV. Aprovechaba el escaso tráfico de un sábado en la mañana para acelerar más allá de lo aconsejado, cuando lo vi. Allí estaba Chávez en toda su lozana monstruosidad, con fondo rojo, riéndose (o con una mueca que parece sonrisa y aprovecha para enseñar los dientes) vestido de pelotero. Se le declaraba campeón.
Casi me estampo contra el culo de una gandola madrugadora. Yo que creía que la terapia estaba dando resultado. No podía creerlo. La vaina más horrible que haya podido ver en mi vida. No señor, esto llegó a donde debía de llegar. Hasta cuando vamos a permitir que semejante mamarracho siga atemorizando a todo un país. Al diseñador de esa horripilante valla habría que hacerlo eunuco públicamente (supongo que es un hombre, por que una mujer así, no debe existir).
Bueno, que más puedo decir. No puedo soportar al extravagante de Pedro Carreño, ni al esperpento del fiscal, ni y a la caterva de seguidores de esta revolución de lo grotesco.
Fuera lo feo.

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2 comentarios:

Anonymous Anónimo ha dicho...

Niño, comienza por saber cómo se escribe asesino. No es acesino, es asesino, busca el diccionario. Si estas leyendo sobre los asesinatos en serie, debes haber visto varias veces esa palabra escrita, no solo en ese libro sino en cualquier texto ya que es una palabra que no puede ser confundida con otra ni da lugar a ese horror ortográfico.
Y después te la echas de culto queriendo descalificar al presidente, diciendo que leistes a Marx!!! que iluso eres mi amor!! aprende a leer primero que si así eres con la gramática como será para entender el contenido de lo que lees.

18 de marzo de 2008, 5:44  
Blogger periquita ha dicho...

Completamente de acuerdo y, la verdad es un problema sanitario, ¿te has fijado en el tal Müller Rojas? ese tipo debe hasta oler mal.
Pero te recomiendo que cambies el asco por risa, es mas sano y mas ¡ofensivo! jajaja

19 de marzo de 2008, 8:57  

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